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miércoles, 5 de agosto de 2015

Herramientas TIC para el aula



Hoy hablaremos de la utilidad de las herramientas TIC en el ámbito educativo y el nuevo enfoque didáctico que puede suponer tanto para alumnos como para docentes. Para los que no lo sepan, TIC son las siglas de ‘Tecnología de la Información y la Comunicación’, algo que ya forma parte de nuestras vidas y del desarrollo de nuestras actividades, aunque no queramos.

En el artículo de hoy intentaremos sacar el mayor partido posible de los avances tecnológicos y detallaremos un listado de los mecanismos más eficaces para emprender el trabajo colaborativo, pues de eso trata, de intercambiar ideas, de aportar y formar un aprendizaje global. No todas las herramientas son iguales, cada una se enfoca hacia una utilidad distinta en virtud de las necesidades que pueden surgir en cada entorno docente.

Los integrantes de un grupo de trabajo deben compartir y comunicarse para crecer. Podremos crear blogs, un diario perfecto para registrar cada paso en el camino; una wiki donde poder organizar el trabajo de manera clara, sencilla y accesible; o chats para comunicarse de forma rápida desde cualquier lugar. Existe un sinfín de nuevas metodologías para aplicar.

En primer lugar hablaremos de los entornos de trabajo, aquellas herramientas que nos permiten desarrollar una plataforma desde la que se puede crear grupos de trabajo, mini webs, almacenaje de documentos, chats, videoconferencias, establecer calendarios de acción e incluso herramientas de ofimática en línea. Podemos contar con varias como Google Apps for Education, Edmodo (que funciona más como una red social educativa), Zoho, o Office365.

Después disponemos de mecanismos que son específicos para la colaboración, la comunicación y el debate. Para la creación de blogs  podemos acceder a Blogger o Wordpress, las más versátiles en cuanto a prestaciones. También tenemos Tumblr, que se centra más en la imagen, aunque también se puede incluir texto, vídeo y audio. Las wikis, con el objetivo de incorporar una gran cantidad de información para que pueda ser editada por los participantes, se pueden crear desde Wikia o Wikispaces.

Si queremos hacer uso de un chat en el que se puedan establecer calendarios, mandar clips de audio, adjuntar archivos y crear videoconferencias, Remind o Hangouts es lo que necesitáis. También hay herramientas para tareas más específicas como Padlet, que se centra en la creación de murales virtuales en el que todos los integrantes pueden elaborar contenido multimedia y compartirlo; Stormboard es muy útil para una lluvias de ideas online y comentar impresiones en un tablero virtual.
Para compartir archivos que pesen demasiado podemos hacer uso de Dropbox, que permite almacenar todo tipo de archivos, crear carpetas compartidas para los usuarios y  acceder a ellos desde cualquier dispositivo. Y si lo que queremos es enviar archivos de gran tamaño por correo electrónico y no almacenarlos, WeTransfer se presta a mandarlos.

Pero si lo que necesitamos es organizar el trabajo en el aula, Google Calendar puede establecer fechas, citas, eventos y alarmas. Y si queremos algo más dinámico y visual, Symphonical es un calendario virtual a modo de pizarra en el que se pueden crear notas multimedia, establecer grupos colaborativos y enlazar con Hangouts para videoconferencias o conversaciones.


Estas son sólo algunas de las alternativas a la metodología tradicional que podemos poner en práctica el curso que viene y que pueden suponer un cambio que se traduzca en la mejor aceptación de los contenidos didácticos por parte de los alumnos. ¡El futuro ha llegado!

miércoles, 29 de julio de 2015

Preguntas clave en los procesos de acceso a la universidad



Pasada la Selectividad, las notas de corte han comenzados a salir a luz y los alumnos se enfrentan a la incógnita de no saber si su nota será suficiente para optar por los estudios que prefieren o el centro en el que pasarán los próximo años. Comienzan de nuevo los nervios, las admisiones y las matriculaciones, acompañadas de dudas muy frecuentes que intentaremos resolver en este artículo.

En primer lugar, ¿dónde puedo consultar si he sido admitido en la carrera elegida? Muy sencillo, en las páginas web de la mayoría de universidades poseen diferentes herramientas para consultar si un alumno ha sido admitido, además de la publicación de listas con las notas de corte necesarias para acceder a un determinado curso. También existen líneas telefónicas habilitadas para este fin. No será extraño que en algunos momentos del día estos mecanismos se encuentren saturados o fuera de servicio, ya que el tráfico en estas páginas suele ser bastante notable en estas fechas. Existen otras formas no oficiales de averiguar esta información, cómo otros dominios o aplicaciones para móvil, pero recomendamos encarecidamente ceñirse a los canales oficiales habilitados para ese menester.

Otra pregunta que asalta a los estudiantes con frecuencias es qué hacer si no ha sido admitido. Bien, si no hemos sido admitidos y superamos la nota de corte, probablemente haya habido un error administrativo y haya que reclamar al organismo correspondiente mediante los procedimientos pertinentes. Si no se ha superado la nota corte, existen listas de espera en la que hay una posibilidad de acceder a la plaza que deseamos en el caso de que quedara alguna libre. No todas las universidades poseen lista de espera, así que intentad averiguarlo si estáis contando con esa posibilidad.

No nos olvidemos que el paso más sensato es matricularnos en la carrera que se nos haya adjudicado para no perder la posibilidad de cursar estudios ese año. Siempre podremos cambiar de carrera en un futuro y convalidar ciertas asignaturas si procede, ¿quién sabe? Incluso puede que encontremos nuestra vocación en un lugar en el que no esperábamos.

Una de las inquietudes más generalizadas es la incertidumbre de saber si tengo reservada la plaza en el caso de que haya sido admitido. Podéis estar tranquilos, la plaza se reserva hasta el final del plazo de matriculación. Eso sí, si pasado ese tiempo no nos hemos matriculado, perderemos la plaza y será otorgada a una persona en lista de espera, así que no os durmáis. Y si os estáis preguntando si se reservan plazas para septiembre, olvidaos del tema. Sólo se ofertan plazas que hayan quedado vacantes en julio.

En cuanto a la gestión de las admisiones, tenéis que saber que las universidades públicas son gestionan por la ley y los alumnos con mayor puntuación son los que tienen prioridad en el acceso a una carrera determinada. En las universidades privadas funciona de forma distinta, pues son ellos los que gestionan sus procesos de admisión y pueden variar, por lo que conviene informarse de la normativa de cada centro.


Desde aquí, el único consejo que os podemos dar es que penséis muy bien la decisión que vais a tomar. Que os preguntéis qué es a lo que realmente os queréis dedicar, os cuestionéis las salidas laborales que tiene dicha elección, que no perdáis de vista el punto de vista económico y sobre todo, que os marquéis un objetivo que os permita ser felices. Como dijo Mahatman Ghandi: “La verdadera educación consiste en obtener lo mejor de uno mismo”. 

miércoles, 15 de julio de 2015

Innovación educativa



Muchas veces hablamos de innovación en el ámbito educativo pero no hacemos hincapié en lo que eso significa, en las dinámicas de un paradigma cada vez más necesario y que no llegamos a implementar completamente. Quizá sea por falta de práctica, por miedo al atrevimiento o simple y llanamente por no saber cómo, pero es algo necesario como en cualquier otro sector que implique la regeneración del tejido social.

Hoy queremos proponer varios puntos para una educación creativa, que sea de ayuda en un panorama sujeto al cambio constante y se adapte a la evolución de las nuevas tecnologías.  Es necesario asentar las bases  y creencias de un modelo de enseñanza acorde a los tiempos que vivimos.

Empecemos por tirar abajo ese hermetismo imperante en muchos centros educativos, dirijamos nuestra mirada al mundo y aprovechemos los recursos que hay disponibles en el exterior. Es necesario mimetizarse con los contextos reales que tienen lugar a nuestro alrededor, hay que aprender de lo que vemos, vivimos y experimentamos, y a veces puede resultar complicado si lo hacemos encerrados en un aula. Si lo hacemos, tengamos muy en cuenta el factor de la interconectividad con el que podemos establecer un proceso educativo que esté en constante retroalimentación.

Para ello debemos aportar las herramientas necesarias para garantizar una red global que permita, tanto a alumnos como a docentes, la posibilidad de cooperar para compartir contenidos e información a cualquier hora y desde cualquier lugar. No nos olvidemos que los avances tecnológicos están ahí y hay que aprovecharlos  para sacar partido de los enormes beneficios que nos brindan. Hablamos de recursos educativos como Edmodo o redAlumnos, que permiten conectar a los integrantes de un curso, compartir información, realizar seguimientos, crear foros  o aportar datos, de una forma que no se podría hacer en una clase convencional. Esto conlleva la creación de un nodo organizado, una comunidad que implique también a las familias en una enseñanza de calidad que esté volcada en dar un paso más hacia nuevas competencias, valores y hábitos.

Hay veces que tampoco nos fijamos en las posibilidades de la evaluación como herramienta de innovación educativa y la relegamos a un segundo plano como mero instrumento de calificación pero, ¿y si la implementáramos como un mecanismo de doble filo? Podemos sacar mucho partido de ella averiguando qué es lo que sabe el alumno y cómo se puede sacar el máximo rendimiento de esos conocimientos para redirigirlos y enfocarlos en la dirección correcta. Muchas veces hemos hablado de la ardua tarea de hacer ejercicio de autocrítica para evaluar las metodologías que utilizamos y sacar partido de las carencias que, al fin y al cabo, perjudican de modo incuantificable a los alumnos. Pues bien, hagamos uso de una buena autoevalución y comprobemos el cambio hacia una enseñanza diferente, demos el paso hacia la posibilidad de crecer y no quedar obsoletos.

Todas estas nuevas metodologías no son nada sin una buena organización y sin unos objetivos claramente delimitados, debemos saber hacia dónde queremos ir. No es que los métodos de enseñanza del pasado sean contraproducentes, tan solo hay que saber cuándo dar el paso hacia la nueva generación. Tengamos muy presente que el error deja una enseñanza, toda enseñanza deja experiencia y toda experiencia deja una huella. 

miércoles, 8 de julio de 2015

Autoridad y formación del profesor




Hoy quiero trasladarles una reflexión sobre el concepto de autoridad en el aula y la necesidad imperiosa de ofrecer a los docentes un entorno de trabajo en el que dispongan de las suficientes garantías para poder realizar su trabajo, 
La falta de motivación, la crisis de valores como la responsabilidad , el esfuerzo y el respeto a los demás y las consecuencias de no ejercerlos, la heterogeneidad del alumnado, la dejadez de algunos padres, la cultura del éxito fácil, la incomunicación familias/comunidad educativa, la tendencia a responsabilizar a los docentes de las faltas de disciplina de los hijos, dar todos los caprichos sin exigir nada a cambio, la falta de sintonía entre lo que se estudia en las facultades de educación y lo que luego debe trasmitirse en el aula y, una vez ejerciendo la docencia, la falta de una verdadera política de formación permanente del profesorado enfocada a la realidad del día a día, son algunos de los factores que han influido en llegar al punto en el que estamos.
Pero quiero incidir aquí en la urgente necesidad de cambiar las condiciones (nivel de exigencia incluido) de acceso a la carrera docente. Últimamente hemos tenido oportunidad de conocer a través de los medios de comunicación el modelo finlandés: aunque no se trata de trasladar modelos de sociedades con idiosincrasias diferentes, lo que es evidente es que debemos imitar, dentro de las características de cada país, lo que funciona.
Y debemos decirlo de una vez por todas y sin tapujos: para ser profesor no sirve cualquiera, ni mucho menos. Aprobar una carrera (cuyo acceso es poco exigente y al que acuden en muchos casos quienes no tienen plaza en otra porque la nota de corte es mucho mayor), superar unas pruebas de oposición que sólo miden conocimientos, la idea bastante extendida de que la plaza en propiedad otorga patente de corso para hacer lo que se cree que es su obligación, descuidar la formación permanente y carecer de una eficaz evaluación continua de la labor docente, echar la culpa a los demás de todo (incluido el fracaso escolar), el café para todos en derechos, pero no en deberes, tienen sin duda una clara influencia en lo que hablamos. Como en todas las profesiones, hay quienes valen (y mucho) y quienes no y la sociedad no puede permitirse considerarlos por igual. Pasar de la oposición al aula sin haberse medido actitudes y haberse entrenado en la difícil tarea de enseñar, es un gran error.
Porque aquí no se trata de buenos y de malos, de si la educación de antes era mucho mejor que la de ahora, de si la culpa es exclusivamente de la administración, de los medios, si es imposible conciliar la vida laboral y familiar, de si los alumnos son ingobernables o de si yo no hago más horas de las que me corresponden… O nos implicamos todos o esto seguirá sin funcionar y las consecuencias ya se saben (¿o no lo hemos pensado?).
Dejémonos también de demagogia: palabras como disciplina, autoridad, castigo… se han convertido en tabú porque parece que recuerdan a otros tiempos y eran sinónimo de represión, porque no hay nada más represivo y contrario a los derechos que mirar para otro lado en un tema de vital importancia para nuestro futuro. ¿Sabemos en realidad qué es disciplina? Disciplina no es sino cumplimiento de unas normas de convivencia que nos atañen a todos: ¿qué pretenden las normas que rigen en cualquier institución, empresa, colectivo…? ¿De qué se trata cuando en cualquier organización debe observarse una estructura, un organigrama y una distribución de roles?, ¿No existen consecuencias por incumplimientos de normas establecidas? Pero no nos equivoquemos: la autoridad es efectiva cuando media el respeto y el respeto es muy difícil de imponer y de improvisar: el respeto no se adquiere ni chillando más, ni castigando más ni suspendiendo más y tampoco siendo más condescendiente, más colegas… el respeto empieza por uno mismo hacia sí mismo, y se asienta en ser consciente de cuál es la labor del “docente” más que del profesor y todo lo que ello implica (eso sí que no lo mide ninguna oposición ni se impone mediante ninguna norma legal). Y lo que no pueden hacer los padres es trasladar al colegio lo que son sus responsabilidades. Si hay alumnos que no respetan las normas del colegio, a los profesores, a sus compañeros… ¿están siendo educados en estos y otros valores en su casa? Porque no deberemos exigir a los demás lo que nosotros somos incapaces de conseguir. Dejemos de una vez de echarnos la culpa unos a otros y conformemos una verdadera comunidad escolar donde todos cumplan su parte.
¡Responsabilidad!

miércoles, 3 de junio de 2015

Habilidades sociales en la escuela



Habilidades sociales y comunicación son conceptos complementarios que se asocian a su vez a otros como saber escuchar, saber defender posturas propias, respetar al otro…y son muchos los escolares a los que la relación con los demás les resulta muy difícil -una tortura, en algunos casos. Pero, ¿por qué muchos de nuestros hijos adolecen en mayor o menor medida de unas habilidades sociales mínimas? Podríamos analizar múltiples factores; citemos algunos a modo de inventario: la reducción de hijos por familia, el asilamiento individualista al que acompañan importantes aliados: consolas, televisión, ordenadores, la cantidad de horas que pasan solos en casa, la aversión a asumir responsabilidades que conllevan contar con los demás, pensar en los demás, compartir con los demás.

Es evidente que gran parte de los jóvenes encuentra dificultad para establecer contacto con los otros y relacionarse de manera adecuada. Si nos damos vuelta por las aulas veremos que aquel sentimiento corporativo, de curso, de 4º A, de 6º B ha desaparecido; los grupos son más heterogéneos: abundantes repeticiones, cambios de colegio, multiculturalidad, diferencias de nivel académico; en las aulas se constituyen unidades de dos, tres, cuatro a lo sumo, “colegas”, y todas ellas funcionan como establecimientos estanco, sin relación entre ellas: son entes cerrados, sin intercomunicación y sin el menor interés por lograrlo. En los recreos, en los espacios y tiempos de ocio se ve a alumnos solos con relativa frecuencia y, cuando les preguntas por qué no se relacionan con aquel otro u otros compañeros, no aciertan a dar una respuesta precisa, pero los educadores sí la tenemos: carecen de habilidades sociales. Y este fenómeno no sólo lo circunscriben a su colectivo de iguales, sino a la familia, al resto de la sociedad.

Las consecuencias de esta carencia son más importantes de lo que puede parecernos: repercuten directamente en su rendimiento académico y en su evolución psicológica. Procuremos que los alumnos se ocupen de aprender en el más amplio sentido del término, que ya es bastante, y no de qué van a hacer cuando llegue la hora del recreo, el tiempo libre o la clase de gimnasia. Y luego llegará la adolescencia y esta carencia de comunicación dificultará la relación con el sexo opuesto, pues quien no fue capaz de entablar una conversación agradable con un/a compañero/a a los 8 años, difícilmente podrá acercarse a un/a chica/o con quien quisiera entablar una conversación a los 13 años.

Hay aspectos de las relaciones humanas que ni se adquieren espontáneamente ni son innatos, requieren trabajarlos, ser objeto de educarse, de habituarse, tanto en la familia como en el centro escolar. Su importancia aconsejaría incluso que fuese una disciplina más, pero no es momento de agitar más a nuestro sistema educativo: no soportaría el envite. Debemos prestar pues a las habilidades sociales la atención que se merecen, velando por ellas en toda la jornada escolar y ayudando a los estudiantes a que las conozcan primero y a que las practiquen después.


Y volvemos a lo de siempre: a la Comunidad Escolar como una unidad, por lo que las familias también debemos aplicarnos en dicha tarea: hacer los deberes. Porque tenemos-si queremos-una posición privilegiada, porque podemos compartir horas de ocio con nuestros hijos: en cumpleaños con amigos, con los niños de esos amigos que han venido a pasar la tarde en casa… Este es nuestro campo de actuación: observando, incluso desde la distancia, preguntando discretamente a los otros padres…; si acostumbramos el ojo, veremos que el ejercicio no es difícil: ¿Mira mi hijo a la cara cuando habla? ¿Saluda correctamente? ¿Se integra en el grupo? ¿Se relaciona mucho más con los mayores que con los niños de su edad? ¿Participa de los juegos colectivos? ¿Sabe compartir? ¿Es capaz de alabarnos la comida especial que le hemos preparado?, etc. ¿Han reflexionado alguna vez sobre por qué las empresas, conscientes de la importancia que para un rendimiento adecuado en el puesto de trabajo tiene la comunicación – las habilidades sociales-, se preocupan cada vez más de propiciar la creación de un ambiente agradable y de fomentar el trabajo en equipo? ¡Atentos!

miércoles, 20 de mayo de 2015

Disciplina y escuela


¡Cuánto tiempo llevamos perdido por el temor a las palabras, por identificar los términos con lo que connotan y no con lo que realmente significan! Porque resulta que disciplina es un concepto “militarista”, “dictatorial”, más propio de otros tiempos que de la época en que vivimos. Y ¿qué época vivimos? Creo que el juez Calatayud me permitirá que trascriba algunas de sus palabras, pronunciadas en una magistral ponencia que realizó recientemente en Zaragoza bajo el epígrafe Justicia y educación: “Hemos evolucionado mucho en muy poco tiempo. La traducción en el ámbito de la educación de esa gigantesca transformación es el siguiente: hemos pasado del padre autoritario, del padre preconstitucional, a la corriente psicopedagógica según la cual hay que dialogar, hay que argumentar y hay que razonar todo con nuestros hijos. Pero, como en España no tenemos término medio, hemos dejado atrás a los padres autoritarios y nos hemos convertido en colegas de nuestros hijos: de un extremo, al opuesto. Y no somos colegas de nuestros hijos. Somos sus padres y punto.”

Y es cierto: porque son tantos los mensajes, muchas veces contradictorios que nos llegan, que padecemos desorientación. Aquí no se trata de que todo se dialogue o todo se imponga: sencillamente se trata de que el sentido común impere. Porque toda convivencia, toda relación humana, todo colectivo se rige por normas sin las que las relaciones serían simplemente imposibles. La clara diferenciación de los roles de unos y otros, el respeto, la responsabilidad, la implicación, el compromiso, la asunción de obligaciones, el cumplimento de horarios y tareas, son valores educativos irrenunciables. Añadía el juez: “Nuestros menores conocen y ejercen todos sus derechos, que no son pocos. Pero no saben nada de deberes. Y los tienen”; es precisamente la exigencia de esos deberes lo que debemos demandar a nuestros hijos – y a nuestros alumnos-.

Pero cuidado: se predica también con el ejemplo: y educar en valores supone “practicarlos”, “dar ejemplo”. La autoexigencia con uno mismo es un vehículo esencial de liderazgo, aplicable también al profesorado y aquí conviene de nuevo insistir en los términos y clarificarlos nítidamente: porque no es lo mismo poder que autoridad (con las leyes se puede ejercer poder, pero no autoridad, ni mucho menos adquirir carisma). Qué equivocados están aquellos docentes que piensan que yendo de “colegas” consiguen ganarse a los alumnos porque al final, cuando quieren rectificar- siempre- ya no tiene remedio y entonces, sus errores, nos salpican a todos.

La autoridad en la escuela, lo que se denomina autoridad práctica, se fundamenta en normas concretas de conducta para un comportamiento social e individual e incluye la disciplina y el orden en el centro escolar. Como decía el profesor Laporta: “sin orden en el aula y en el centro será imposible cumplir el propósito educativo: el seguimiento de las reglas en una sociedad es condición necesaria para desarrollar un proyecto personal de vida”. Efectivamente, a respetar las reglas debe aprenderse en la escuela y en la familia. Ni el profesor puede pasar quince minutos de su clase en un rifirrafe con los alumnos, ni los padres en continua tensión poniendo en cuestión las normas del colegio delante de sus propios hijos cuando, en muchos casos, se quejan de que ellos mismos “son incapaces” de conseguir de que en casa cumplan las que les corresponden. Seamos conscientes de aquí nos jugamos mucho y pongámonos manos a la obra. Y no están los tiempos para dar largas a la toma de decisiones: de nuevo insisto en que aquí todos somos culpables.


¡Cuánta irracionalidad!

miércoles, 13 de mayo de 2015

Para docentes



El tema de hoy nos lleva directamente a la perspectiva del docente y quiero exponer, desde mi humilde experiencia en el ámbito de la enseñanza, una serie de pautas que sirvan de ayuda para el día a día dentro de las aulas y que os hagan disfrutar todavía más de lo que significa la educación.

Algo básico en una profesión que se basa principalmente en enseñar a los demás es evaluar la propia labor que desempeñamos. Está claro que nadie nace aprendido y que sólo por el hecho de ser profesor no somos poseedores de un método infalible y sin fisuras. La calidad de la enseñanza, como prácticamente todo en la vida, está sujeta a un proceso empírico que se va puliendo con los años y que necesita una constante revisión y adaptación. Es importante parar y autocriticarse, aunque a veces no nos siente bien.

Y así como lo hacemos nosotros, el alumnado debería hacer lo mismo en sus labores. Aprender a escuchar y desarrollar una conciencia de autocrítica son pilares maestros en su desarrollo. Esto les va a ayudar a generar su propio juicio, a crecer como personas y a crear sus propias ideas. Nuestra misión radica en impulsar este tipo de  razonamientos independientes, que sean los alumnos los que se planteen sus propios puntos de vista y saquen conclusiones de ello.

Lo que hemos dicho está muy bien, sabemos qué es lo mejor para nuestra clase pero, ¿cómo lo ponemos en práctica? Muy sencillo, generando duda y preguntando. Lo mejor que podemos hacer por nuestros alumnos es hacer que piensen, que razonen, que abran su mente hacia nuevas perspectivas y que tengan interés por ello. ¿Qué mejor manera que priorizar la asociación de conceptos? La memoria es algo fundamental para conseguir una buena asimilación de contenidos pero, sin duda alguna, resulta más efectivo conseguir la compresión de la materia relacionando ideas.

Un buen consejo para lograr estas metas consiste en el trabajo en equipo. El ser humanos es un ser social por naturaleza y con el componente de interacción adecuado se pueden alcanzar cotas muy altas. A parte de traspasar barreras como el aislamiento y la timidez de algunos miembros del aula, fomentamos el compañerismo y el intercambio de ideas propio de un entorno colaborativo óptimo. Hagamos de nuestra clase un espacio de aprendizaje global, donde las ideas fluyan y nos hagan ver horizontes que vayan más allá de lo que plantea cualquier libro de texto.

Para este trabajo en equipo será esencial crear un buen ambiente. Un entorno distendido, que dé pie a la participación y al buen humor, una atmósfera de respeto que permita llevar un ritmo de aprendizaje agradable y que no acabe por hastiar a los alumnos. Por supuesto, hay que plantear los errores como fuente de aprendizaje, ya que castigarlos puede resultar contraproducente en muchas ocasiones. Que quede claro que tampoco hay que premiarlos, pero sí darnos cuenta de que cuando nos equivocamos es el momento en el que más aprendemos. Ya lo dijo el empresario y escritor estadounidense Jack Welch: “He aprendido que los errores pueden ser tan buenos profesores como el éxito”.